Más de 200 sacerdotes y diáconos permanentes adelantaron misión cuaresmal en cárceles y hospitales

En los corredores silenciosos de hospitales; en las celdas y pasillos de los centros penitenciarios y de detención transitoria; además de otros espacios en los que el tiempo pesa y transcurre de manera distinta en medio de múltiples realidades humanas, la Iglesia católica en Bogotá, una vez más, salió al encuentro.
Este año, bajo el lema: “Cultivemos nuestra fe y la de nuestros hermanos”, durante la tercera y cuarta semana de Cuaresma, cerca de 200 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá junto a 20 diáconos permanentes, acompañados por unos 80 voluntarios – animadores de la evangelización-, llevaron consuelo, escucha y esperanza a siete hospitales y clínicas, a URI’s, a los cuatro centros penitenciarios en la capital y a hogares de ancianos, en los que también se administró el sacramento de la penitencia y de la unción de los enfermos.

La iniciativa pastoral, que se realiza desde 2022, es coordinada por el equipo arquidiocesano de Formación Permanente y por la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral. Este 2026 se enmarcó en el segundo trienio del Camino Discipular Misionero: “Tiempo para Cultivar la Fe”, que sigue esta iglesia particular como itinerario pastoral, llegando, además, a comunidades parroquiales en las que se acogió de manera especial a las familias y a los más vulnerables. También a espacios no convencionales, entre ellos, centros comerciales.
Esperanza en medio de la fragilidad
Convocados por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, el clero arquidiocesano asumió esta experiencia como una oportunidad para “seguir siendo profecía de esperanza” y renovar su vocación como dispensadores de la misericordia, nutriendo la fe a nivel personal y comunitario.

El llamado no fue solo a salir, sino a hacerlo desde dos dimensiones complementarias: La primera, la fraternidad ministerial, que llevó a los sacerdotes y diáconos a acompañar realidades humanas complejas en estos escenarios de misericordia, fortaleciendo al mismo tiempo los lazos entre ellos y apoyando a quienes sirven de manera permanente en estos lugares.

Cada arciprestazgo eligió un escenario concreto para vivir esta misión en espíritu de comunión, articulando esfuerzos con capellanes y equipos pastorales, especialmente en contextos que requieren permisos especiales, como los centros de reclusión.

